Cecas y officinae



Una ceca es el lugar donde se fabrica o se emite moneda. La palabra ceca proviene de la voz árabe sikka (ě│┘â┘Ĺěę), que significa moneda y troquel.

El cuño o troquel es una pieza de metal duro, generalmente cilíndrica, que presenta, en una de sus bases y en negativo, los detalles que aparecerán después en la moneda. Acuñar significa batir, troquelar, imprimir moneda mediante cuño: el martillo golpea el troquel y éste el cospel, que es la pieza de metal de menor dureza que se coloca entre la sufridera y el troquel y que se convertirá en moneda tras recibir el impacto. El golpeo imprime la pieza por ambos lados e incorpora en anverso y reverso los diseños que el abridor de cuños ha dibujado en negativo en cada una de las bases del troquel y de la sufridera.




Gemini X (2013). Lote 473



Desde los primeros tiempos de la República, la emisión de moneda estaba encomendada al Senado. Por delegación, todo lo relativo al funcionamiento y a la producción de los talleres monetarios (cecas) se confió a magistrados especialmente nombrados al efecto por el período de un año. Inicialmente fueron tres (tresviri monetales) y desde finales del siglo III aC se organizaron en un colegio oficial.
 
Los tres miembros de este colegio fueron responsables de las emisiones en cualquier tipo de metal y eran conocidos oficialmente como tres viri aere argento auro flando feriundo, un largo título que a menudo se abrevió III.V.A.A.A.F.F. (los tres hombres responsables de la fundición y acuñación de bronce, plata y oro).
 
Correspondió a estos magistrados elegir los diseños y precisar las leyendas de las monedas, elección que muy pronto fue utilizada como medio de publicidad y propaganda en beneficio de sus familias con inequívocas finalidades políticas.
 
La mayor y más importante de las cecas se encontraba en Roma (ceca Capitolina), aunque desde muy pronto, a medida que se consolidaba la expansión territorial de la República, coexistió con otros talleres situados fuera de la ciudad e incluso fuera de Italia.
 
Este escenario se mantuvo sin excesivos cambios hasta mediados del siglo I aC, cuando las guerras civiles y el fuerte incremento de los gastos militares hicieron aparecer cecas itinerantes que se desplazaban con las legiones y con los imperatores que las tenían a su mando.
 
Finalizada la guerra entre César y Pompeyo, la situación ya no volvería a ser la misma: a partir de ese momento, el control del Senado se limitó a las emisiones en bronce y poco a poco su influencia se diluyó en beneficio del emperador.
 
La ceca de Roma convivió con cecas de Oriente (Ephesus, Antioquia) y de Occidente, en especial las de Hispania (Emerita Augusta y Colonia Patricia), que disponían de los recursos proporcionados por las ricas minas de la región.
 
En el año 15 aC, la producción de estas cecas se vio afectada por la creación de un nuevo centro de acuñación monetaria en la ciudad de Lugdunum, que pronto cobraría especial importancia. Ubicada en la confluencia de los ríos Saona y Ródano, la ciudad gala fue elegida por sus excelentes conexiones fluviales y por su posición estratégica, a mitad de distancia entre las cecas hispánicas y la frontera germánica donde se encontraban las mayores concentraciones de tropas y, por lo tanto, donde la Administración romana realizaba sus mayores desembolsos. Con la nueva ceca, las emisiones hispánicas en plata desaparecieron.
 
Lugdunum era, además, capital de una provincia imperial, es decir, gobernada por Augusto sin injerencia del Senado. En virtud de su imperium, Augusto podía acuñar en esas provincias de forma completamente independiente de los magistrados romanos. La medida fue reforzada con la supresión de las acuñaciones de oro y plata en la ceca de Roma (12 aC), que únicamente retuvo emisiones en bronce y los divisores más pequeños. Desde el año 4 aC la ceca de Roma cesó completamente sus actividades. Cuando las retomó en 15 dC solamente se acuñaron ases, con motivos semejantes a los de dos décadas antes pero ahora sin los nombres de los tresviri monetales, que ya habían desaparecido. Con todo, la magistratura no fue suprimida por completo y se mantuvo hasta el siglo III dC.
 
La división en la producción de moneda (oro y plata en Lugdunum y los demás metales en Roma) sería mantenida por todos los emperadores de la dinastía Julio-Claudia, hasta que la reforma monetaria de Nerón obligó nuevamente a concentrar todas las emisiones en la capital imperial.
 
A mediados del siglo III dC se restableció la descentralización: la proliferación de nuevos talleres puso de manifiesto la conveniencia de incorporar marcas a las monedas como forma de control de las emisiones. Además de identificar la ceca, a menudo se indicaba también la officina, es decir, el taller de procedencia de las monedas de entre todos los integrados en una misma ceca. De ese modo se podía conocer el origen de una emisión y las deficiencias detectadas (falta de peso) ser atribuidas a una determinada officina, con lo que los funcionarios a cuyo cargo estuviesen podrían ser declarados responsables.
 

Las marcas solían colocarse en el reverso de la moneda, casi siempre en el exergo. Por excepción, se pueden encontrar en el campo del reverso o incluso en el del anverso.

Las marcas surgían de la combinación de distintos elementos:
    • Letra: P (pecunia), M (moneta), SM (sacra moneta), PS (pecunia sacra) o COM (abeviatura de comitatensis moneta, probablemente para referirse a las acuñaciones de talleres itinerantes que acompañaban al emperador durante el Bajo Imperio). En las monedas de oro, la marca puede terminar con las letras OB (obryzium: oro refinado u oro puro).
    • Abreviatura de la ciudad donde se encuentra la ceca.
    • Identificación de la officina con letras latinas, letras griegas o números romanos después del nombre de la ceca (a veces, la officina se omite y a veces, precede a la abreviatura del nombre de la ceca).
    • Marcas de serie mediante símbolos de muy distinta índole como puntos, creciente u otros que muy probablemente indiquen cuándo fue acuñada la moneda y quién era en ese momento el responsable del taller. 




Officinae 1 - 4



Officinae 5 - 9



Al lado de las acuñaciones imperiales, circularon al mismo tiempo por el vasto territorio del Imperio grandes cantidades de moneda provincial. Las emisiones provinciales, casi siempre en bronce y bajo control del gobernador romano del lugar, se utilizaron en áreas geográficas delimitadas y respondían a patrones y diseños locales de muy diversa índole, siendo especialmente relevantes las de inspiración greco-romana y las acuñadas en las provincias orientales.
 
La importancia y duración de estas cecas fue muy variada: desde las más efímeras (Barcino) hasta las más longevas e importantes (Lugdunum, Aquileia), algunas de las cuales (Constantinopolis, Nicomedia) continuaron en producción durante buena parte del Imperio bizantino.
 




CECAS por orden alfab├ętico







MARCAS por orden alfab├ętico








OFFICINAE