Gladiadores


Se suele aceptar que los espectáculos de gladiadores nacieron como una obligación (munus), un deber ritual de carácter funerario que se tenía con los difuntos, a quienes se ofrecía en su memoria un combate a muerte (sine missione) en el que la sangre del vencido sirviera de fuente de vitalidad al fallecido en el tránsito y durante la otra vida. 
 
Esta relación con los ritos funerarios tras el fallecimiento de un familiar o allegado se fue debilitando de forma progresiva, hasta el punto de que antes del final de la República las luchas gladiatorias casi habían perdido del todo esa connotación ritual y su carácter funerario pasó a ser residual. 
 
Durante esta primera etapa se veía el munus como un sacrificio humano de carácter privado. De origen etrusco, la primera referencia de un munus celebrado por los romanos en Roma se sitúa en el inicio de la primera guerra púnica (264 aC). A pesar de esa naturaleza predominantemente familiar, la grave situación bélica vivida por el pueblo romano durante la contienda, hizo visible que las luchas de gladiadores podían ser útiles a la República como medio para levantar la moral del pueblo, para poner en valor la disciplina, el esfuerzo y la disposición ante la muerte y para transmitir a los espectadores las virtudes de una sociedad guerrera.
 
Los primeros munera patrocinados por el Estado no tuvieron lugar hasta el año 105 aC. Tras una calurosa aceptación popular, a partir de entonces las luchas de gladiadores se incluyeron a menudo en los juegos estatales (ludi) que se celebraban durante los principales festivales religiosos. 
 
Poco a poco, los munera se fueron alejando de las celebraciones fúnebres privadas y se convirtieron en auténticos espectáculos públicos de masas, no sólo en Roma sino también en otros lugares alejados de la metrópoli.
 
El poder pronto descubrió su utilidad en el ámbito político (campañas electorales) y en el económico (cobro de impuestos). Su éxito provocó la gradual expansión de los munera por todo el territorio gobernado por Roma, cosa que paralelamente aceleró la aparición de diferencias locales en la organización de los festejos. 
 
Todo ello aconsejó que el desarrollo de las luchas se sometiera a una minuciosa regulación oficial (leges gladiatoriae). De hecho, las normas no siempre fueron íntegramente iguales en todas partes, pero se impusieron unas reglas básicas y se decretó con carácter general que en ninguna ciudad pudieran celebrarse munera sin el consentimiento de las competentes autoridades civiles (el praefectus urbis en Roma; en el resto de Italia, los praefecti alimentorum; y en las provincias, quienes tuvieran atribuido el imperium como gobernadores provinciales).






Mosaico de Zliten (detalle)




Desde principios del siglo I aC. se generalizó la celebración de munera, especialmente a iniciativa de los candidatos a cargos públicos. Las campañas electorales se convirtieron en una competición en la que los organizadores (editores) intentaban ofrecer espectáculos más fastuosos que los demás, más innovadores, con mayor número de gladiadores y, lógicamente, más caros. No fue excepcional disfrazar el memorial por un familiar (munus) de una celebración multitudinaria más cercana a los ludi:
 
      • Sila, con ocasión del funeral de su esposa, quebrantó sus propias leyes suntuarias para ofrecer el munus más lujoso que hasta entonces se hubiera visto en Roma.
      • Julio César, superando el anterior, celebró un munus en honor a su padre, fallecido 20 años antes, en el que utilizó 320 parejas de gladiadores (el Senado, consciente de la aún reciente revuelta de Espartaco y temeroso tanto de los cada vez más numerosos ejércitos privados de César como de su creciente popularidad, estableció en esa cifra el límite máximo de parejas que un ciudadano romano podía introducir en la ciudad).​ 
 
Este aumento descontrolado de los gastos explica que al final de la República se hiciera habitual la concesión de la missio (indulto) como una medida de austeridad para ahorrar dinero y como solución práctica para mantener con vida los buenos gladiadores, tanto más cuanto mejores y más famosos eran. Salvo que se tratase de luchadores condenados por cualquier causa a la pena capital, el veredicto de muerte (iugula), especialmente si el vencido era un luchador destacado, generaba un doble efecto negativo: el editor tenía que indemnizar a su dueño (lanista) y los espectadores perdían la posibilidad de continuar disfrutando de sus gladiadores favoritos (por evolución de las costumbres, a partir de finales del siglo II dC, los veredictos de muerte aumentaron de forma considerable).
 
Con la llegada del Imperio, el Senado perdió la mayor parte de sus atribuciones: concentrado el poder en la persona del emperador, los aristócratas no necesitaban competir entre ellos para celebrar los mejores juegos. Además, los enormes gastos y el poco rédito que en aquellas circunstancias representaban para el editorsemejantes eventos, desmotivaron cualquier iniciativa particular. Ante ese vacío y consciente de la pasión del pueblo por el espectáculo gladiatorio, Augusto supo apreciar la conveniencia de mantener esas celebraciones. Como emperador tomó la decisión de dar continuidad a los munera, pero al mismo tiempo dio a su organización el carácter de deber cívico y religioso, y los declaró de cargo del Estado.
 
Augusto revisó las leyes suntuarias, limitó el gasto en los munera y restringió su celebración a sólo durante los Saturnalia Quinquatria.
 
A partir de ese momento el coste máximo de un munus oficial organizado por un pretor sería de 25.000 denarios con un límite de 120 gladiadores, mientras que un munus imperial podría costar hasta 180.000 denarios. A lo largo de todo el Imperio, los juegos más importantes se identificarían con el culto imperial promovido por el emperador.
 
Augusto aprobó también una minuciosa reglamentación del desarrollo de los munera, muy necesaria si se tiene en cuenta la gran diversidad de gladiadores, las múltiples posibilidades de combinación entre ellos y el incremento del número de celebraciones (a los eventos oficiales, se añadieron otros para conmemorar hechos vinculados a victorias militares o a efemérides relacionadas con la vida privada del emperador o de su familia). 



Reformas de Augusto



  1. Se estableció un esquema o programa básico del espectáculo (munus legitimum).
  2. Se suprimieron algunos tipos de gladiadores (samnita, andabatacataphractus) y se crearon otros nuevos (secutormurmillo, crupellarius).
  3. Se reguló la disposición de los espectadores en la grada, según su condición.
  4. Se generalizó el uso del yelmo en detrimento del casco, no sólo para proteger el rostro y evitar daños graves, sino muy especialmente para equilibrar los combates (el casco permitía respirar mejor y concedía cierta superioridad física respecto a los luchadores cubiertos con yelmo, que se cansaban antes y veían peor). 
  5. Se prohibieron los munera sine missione (sin posibilidad de indulto) en su doble modalidad: la del combate entre dos (donde el vencido era ejecutado) y la más cruel, en la que el vencedor debía enfrentarse a un nuevo contrincante (tertiarius), de modo que al final del munus sólo sobrevivía uno de entre todos los luchadores que habían peleado. Y a veces, cuando los luchadores tenían la condición de noxii o de damnati ad gladium (condenados a morir por la espada) ni ese último quedaba con vida, pues al finalizar el combate era ejecutado por un venator o por un soldado.
 En la misma línea de contención del gasto, Augusto impulsó la creación de ludi imperiales (escuelas de gladiadores de propiedad del emperador) y autorizó, alrededor del año 27 aC, la construcción del primer anfiteatro permanente de madera. Si en Roma habían sido prohibidos hasta el final de la República, fuera de la ciudad, en cambio, fueron levantados mucho tiempo antes: los primeros anfiteatros permanentes y en piedra fueron construidos en Capua, a finales del siglo II aC, y en Pompeya, donde se inauguró en el año 70 aC.
 
En paralelo, como uno más de los medios de romanización del imperio, se promovió la celebración de muneraen las provincias. Augusto permitió a los praetores convocarlos en número de dos al año y hasta un máximo de sesenta gladiadores en cada munus. También impuso a los sumos sacerdotes del culto imperial la obligación de celebrar, a su cargo, uno anual.
 
El coste de las luchas de gladiadores siguió creciendo sin control hasta entrado el siglo III dC (Trajano celebró sus victorias contra los dacios con 10.000 gladiadores y 11.000 animales a lo largo de 123 días). 
 


Declive


El declive del munus fue un proceso largo y complejo
. A lo largo del siglo III las arcas del Estado tuvieron que soportar crecientes exigencias militares y los magistrados de menor rango consideraron que los muneraobligatorios eran un gravamen cada vez menos gratificante en relación con los dudosos privilegios de su cargo. 
 
Sin embargo, los emperadores continuaron financiando los juegos como una cuestión de interés general. En 325 dC. los combates de gladiadores seguían siendo populares pero el emperador cristiano Constantino promulgó un edicto para las provincias orientales en el que, sin prohibirlos expresamente, mostraba su desaprobación y obligaba conmutar la damnatio ad ludum por trabajos forzados en las minas (damnatio ad metalla).
 
Teodosio I adoptó el cristianismo como religión oficial y prohibió las fiestas paganas, dejando para su hijo Honorio, emperador del Imperio romano de occidente, su abolición legal, que tuvo lugar en el año 399.






Mosaico de Zliten



Tipos de gladiadores


A la condición de gladiador se llegaba principalmente por condena (damnatio ad gladium o damnatio ad bestias) o por esclavitud, tras haber sido capturado como prisionero de guerra. Por ley, un gladiador era considerado infamis, una categoría social deshonrosa que incluía aquellas ocupaciones que implicaban la sumisión del cuerpo a la voluntad o deseos de otros (prostitutas, artistas). La tercera vía para llegar a la gladiatura era el acceso voluntario de ciudadanos libres o libertos (auctorati), bien actuando por cuenta propia (negociando las condiciones del contrato directamente con el editor), bien ingresando en un ludus y poniéndose a las órdenes de un lanista, a quien prestaban el juramento gladiatorio (auctoramentum, bajo la fórmula uri, vinciri, verberari ferroque necari). Si se hacía sin exigir dinero a cambio (virtutis causa), no caían en la infamia (por ansias de fama o notoriedad, para honrar a un general, para cumplir una promesa). Todos eran identificados con una marca, que podía ser a fuego en un lugar visible (en el caso de esclavos, cautivos o condenados) o tatuada (stigma), en todos los demás. A finales de la República los auctorati representaban alrededor de la mitad de la cifra total de gladiadores. La presencia de las mujeres en la 
arena se detecta a mediados del siglo I dC, pero sus apariciones fueron muy poco frecuentes y desaparecieron tras ser prohibidas por decreto de Septimio Severo en el año 200 dC.
 
Dado que en los primeros tiempos los luchadores eran prisioneros de guerra, resultaba lógico que pelearan con idénticas armas y con las mismas tácticas que usaban cuando eran capturados. 
 
Siendo las guerras del Samnium las primeras que cuestionaron la superioridad de Roma y las que, a la postre, convencieron a los romanos de su capacidad para lograr la expansión territorial, fue durante el período 343-290 aC cuando Roma consiguió sus primeras grandes victorias y cuando llegaron a la urbe los hasta entonces mayores contingentes de cautivos. Por eso no es de extrañar que las armas con las que primero se identificara a los gladiadores fueran las utilizadas por ese pueblo y que desde la época inicial de los muneralos samnitas se convirtieran en la imagen del gladiador por excelencia.
 
Las victorias conseguidas en la Galia (II aC), en Tracia (80 aC) y en Britania (54 aC) arrastraron hacia Roma oleadas de prisioneros que, a su vez, lucharon en la arena con sus armas características. Junto al samnis, aparecieron entonces el gallus,  el thraex y el essedarius (así llamado por el carro de combate -essedus- que usaban los britones).
                 
Aparte de los tipos gladiatorios de origen étnico, se crearon otros inspirados en las armas que usaban, como el retiarius (de rete, red) o el laquearius (de laqueus, lazo), lo que a su vez propició la aparición de luchadores específicamente ideados para hacer frente a las armas de aquéllos.
 
La incorporación de los territorios conquistados y la paulatina extensión de la ciudadanía romana obligó a prescindir de algunos tipos de gladiadores, pues resultaba ofensivo identificarlos con el gentilicio de pueblos ya confundidos con los romanos e integrados en Roma. De este modo desaparecieron los samnitas y los galos y ocuparon su lugar el secutor, el oplomachus y el murmillo
 
La diversidad de tipos ofreció la posibilidad de crear combinaciones. Por regla general, para hacer más vistosos y atractivos los combates, se enfrentaban gladiadores de distinta clase, cosa que puso de manifiesto la necesidad de establecer reglamentos rigurosos y detallados con el fin de garantizar el equilibrio de fuerzas y, con ello, la duración del espectáculo y los ingresos por apuestas.
 
A pesar de las diferencias de tipos y de armas, existió un equipamiento básico común a todos los gladiadores que, con algunos matices y excepciones, consistía en yelmo (galea; en algún caso, casco), escudo (de diferentes estilos: el scutum o el parma, más pequeño), manica (protector del brazo hecho con placas metálicas), ocreae (grebas) y fasciae (tiras de cuero o de tela que se enrollaban en las piernas o los brazos). Pero aún así, las formas, las dimensiones, los accesorios o una decoración personalizada de las armas, así como la distinta colocación de algunos elementos (según el luchador fuese zurdo o diestro), atribuían a cada gladiador una apariencia casi única que permitía diferenciarlo incluso respecto de los de su mismo tipo.
 
Los gladiadores luchaban descalzos y cubrían los genitales con el subligaculum, que se ajustaba a la cintura con un ancho cinturón (balteus). El torso siempre se mostraba descubierto para ofrecer al contrincante una zona vulnerable. A lo más se permitía a los provocatores cubrirse parcialmente la parte superior con un pequeño protector de escamas metálicas (cardiophilax) que cerraba por detrás con un broche en la espalda.
 
Los gladiadores solían separarse en dos grandes grupos: los que usaban armamento pesado (scutarii) y los que luchaban con armamento ligero (parmularii). La división se empleaba para organizar los enfrentamientos ya que normalmente los combates no podían enfrentar dos gladiadores del mismo grupo (los equitesprovocatores spatharii, eran los únicos que por las características de sus armas podían y debían luchar entre sí).
 
Lo habitual era que los gladiadores que tomaban parte en el munus procedieran del mismo ludus. Carecía de sentido que el editor contratara el suministro de luchadores a distintos lanistas, entre otras razones porque resultaría más complejo y seguramente mucho más caro. Por ello debió ser relativamente frecuente que compañeros de escuela tuvieran que enfrentarse entre ellos en la arena. Con total seguridad el uso del yelmo (que a diferencia del casco cubría el rostro y impedía ver los ojos del contrincante) despersonalizaba el rival y, en su caso, facilitaba cumplir el veredicto condenatorio. 




Samnis
Samnis (plural samnites). Iban armados con escudo (scutum), casco emplumado (galea), espada (gladius) y probablemente una greba (ocrea) en su pierna izquierda.

Gallus (plural galli). Luchaba con sphata (un tipo de espada más largo que el gladius), scutum rectangular y, probablemente, sin protección en la cabeza.

Oplomachus (plural oplomachi). De ὅπλον (escudo), usaba grebas (ocreae) en ambas piernas, protección en el brazo armado (manica) y yelmo con ala que se solía adornar con un penacho en la parte superior y con una pluma a cada lado. Sus armas eran el gladius, un escudo pequeño, generalmente redondo, del que deriva su nombre y la lanza (hasta) que el gladiador debía lanzar antes de acercarse al rival para iniciar el combate cuerpo a cuerpo. 
Retiarius (plural retiarii). De rete (red), utilizaba un tridente y una red con unos pesos en los extremos para poder ondearla y dirigirla hacia el rival. La red se sujetaba a la muñeca con un cordel para permitir la recuperación en caso de errar el lanzamiento. Provisto de daga (pugio), sólo se protegía con manica, que le cubría  todo el brazo hasta el hombro y el lado izquierdo del pecho, pero luchaba sin escudo, sin ocreae y sin casco (era de los pocos gladiadores que no utilizaban protección en la cabeza). Ocasionalmente vestía una pieza metálica en el hombro (galerus o spogia) para proteger el cuello y la parte inferior de la cara.​ Luchaba generalmente contra el secutor. Una variante del combate habitual uno contra uno (monomachia), era el enfrentamiento contra dos secutores al mismo tiempo, de tal manera que el retiarus se colocaba de pie sobre una plataforma elevada (pons) a la que los secutores podían ascender simultáneamente a través de dos rampas laterales.
                         
Secutor (plural secutores). De sequor (seguir), era el contrincante creado específicamente para luchar contra el retiarius. Durante todo el combate debía asegurarse de mantener la distancia justa para lograr un triple objetivo: evitar el ataque del tridente del retiarius, privarle del espacio necesario para ondear la red y lanzarla con éxito sobre él y seguirle hasta encontrar la ocasión de aproximarse a él y forzar la lucha cuerpo a cuerpo, en la que era muy superior. Sus armas eran pesadas: utilizaba gladius, scutum y, lo más característico, yelmo sin cresta ni elementos decorativos que pudieran engancharse con la red y dar facilidades al retiarius. 




Lápida funeraria de un murmillo llamado Chrisampelos (II aC). Museo de las Civilizaciones de Anatolia, Ankara
Thraex (plural thraeces). Gladiador tracio, llevaba la misma armadura protectora que el oplomachus con un yelmo de borde ancho que cubría toda la cabeza, caracterizado por un grifo estilizado en la frente de la cresta, un pequeño escudo redondo o cuadrado (parmula) y dos grebas de muslo de gran tamaño. Su arma característica era la espada curva tracia (sica o falx).

Murmillo (plural murmillones). De mormýros (pez), utilizaba un yelmo que sólo le permitía ver de frente, adornado con un pez en la cresta; usaba protector de brazo (manica), greba baja en una de sus piernas (ocrea). Atacaba con la spatha (la espada de mayores dimensiones que heredó del gallus) y con el scutum (el gran escudo rectangular que recibió también del samnis y del gallus cuando éstos desaparecieron).

Laquearius (plural laquearii). De laqueus (lazo), aparece en los últimos años del imperio. Es un tipo de gladiador derivado del retiarius que intentaba atrapar a sus adversarios con lazo en lugar de con red. Iba equipado con un gancho afilado que utilizaba una vez que atrapaba a su oponente y con un puñal (pugio) por si el veredicto era iugula. Cubría el hombro izquierdo con galerus y no utilizaba casco ni grebas.



Representación de un combate
Provocator o spatharius (plural provocatores o spatharii). De spatha (espada larga). Se protegían con greba en la pierna izquierda, manica en el antebrazo derecho y casco sin ala ni cresta, pero con una pluma a cada lado. Sus armas características eran la spatha, que era aún más larga que la normal y el scutum, alto y rectangular. Junto con los dimachaeri, eran los únicos gladiadores que usaban protector de tórax (cardiophylax). Por las ventajas que daba su armamento sólo se emparejaban con otros provocatores. Desaparecieron con la reforma de Augusto.
 
Dimachaerus (plural dimachaeri). Llamado así por pelear desde el inicio del combate con dos machetes (machaerae), uno en cada mano. Con el tiempo se les permitió luchar con sicaegladii e incluso spathae. Se protegían con grebas en una o en ambas piernas, manica en el antebrazo y casco sin ala ni cresta. Ocasionalmente podían usar protector de tórax (cardiophylax). Por el tipo de armamento nunca se emparejaban con otros tipos de gladiador.
 
Sagittarius (plural sagittarii). De sagitta (flecha), era un arquero que saltaba a la arena con arco y carcaj, con manica squamata en el brazo que sujetaba el arco y con lorica que le cubría el tronco para protegerle de los lanzamientos de sus adversarios (al emplear ambos brazos para el manejo de sus armas, no podía utilizar escudo). Sólo se enfrentaba a otros sagittarii o a iacularii. A veces combatían en grupo (gregatim).




Arriba, la O tachada junto a su nombre, simboliza la muerte de Maternus, que yace en el suelo derrotado. Museo Arqueológico Nacional. Madrid.
Iacularius (plural iacularii). Llamado así por lanzar jabalinas contra su oponente. Normalmente iniciaba el combate disponiendo de varias, pero podía suceder que por haberlas perdido todas o por estar así previsto, fuera auxiliado por un minister del anfiteatro que le iba proporcionando proyectiles. Una variante de este tipo gladiatorio era el veles, que se distinguía por llevar el arma arrojadiza sujeta a la muñeca con una correa con la finalidad de recuperarla en caso de fallar el lanzamiento. Normalmente se enfrentaba al sagitarius o a otro iacularius.
 
Eques (plural equites). Combatía a caballo e iba equipado con escudo redondo de montar (parma equestris), yelmo (a menudo con dos plumas, una a cada lado), lanza (spiculum), manica en el  brazo que la sujetaba, fasciae en las piernas, túnica y botines (era el único tipo de gladiador que luchaba calzado). El combate empezaba con ambos jinetes intentando descabalgar al otro con la lanza; tan pronto el primero era derribado, el otro descabalgaba y continuaban luchando a pie con la espada, como los demás gladiadores. Por la naturaleza de sus armas, los equites sólo se enfrentaban entre sí.


Essedarius (plural essedarii). Luchaba desde un carro celta (essedum) tirado por dos caballos y muy probablemente traído a Roma desde Britannia por Julio César. El carro era gobernado por un auriga, pero quien realmente luchaba era el essedarius. Se suele aceptar que sus armas fueron lanza y scutum, aunque se intuye que debió tener a disposición un lote de jabalinas y una spatha para cuando aquéllas hubiesen sido todas arrojadas o la lanza resultara perdida o inutilizada. Debido a la espectacularidad que se le supone y a la pasión de los romanos por luchas y carros, debió ser uno de los combates más populares. El essedarius sólo podía enfrentarse a otro essedarius.
Scissor o arbelas (ἄρβήλας). En plural scissores o arbelai. Derivan sus nombres de la palabra latina scindo (cortar) i de la griega ἄρβηλος (arbelos), cuchilla semicircular utilizada para cortar cuero. Se le representa con yelmo de secutor y con lorica squamata hasta las rodillas. No utilizaba escudo: la mano derecha empuñaba una daga y se protegía ese brazo con manica, mientras que el antebrazo izquierdo, se introducía en un cono metálico que llegaba hasta el codo y terminaba en una especie de hacha, en forma de media luna, que podía utilizar tanto para defenderse como para atacar. Ambas piernas iban cubiertas de fasciae y la tibia izquierda con ocrea. Su antagonista habitual era el retiarius.
 
Andabata (plural andabatae). Se protegía con una armadura metálica y, lo que era su particular característica, con un yelmo sin ninguna abertura para los ojos, por lo que era un tipo de gladiador que luchaba a ciegas. Junto con el cataphractus, desapareció con la reforma de Augusto, que los fusionó para crear el crupellarius.
 
Cataphractus (plural cataphracti). Muy similar al anterior, se diferenciaba porque su armadura metálica cubría más superficie y porque el yelmo le permitía un mínimo de visión. Junto con el andabata, desapareció con la reforma de Augusto, que fusionó ambos para crear el crupellarius.
 
Crupellarius (plural crupellarii). Es el que resulta de la fusión de los dos anteriores tras la reforma de Augusto. El cuerpo estaba protegido por entero por una lorica segmentata y el yelmo permitía una mínima visión.
 
Tunicatus (plural tunicati). La principal característica de los tunicati era su condición de afeminados. Como excepción a la regla general de que los gladiadores luchaban a torso desnudo, salían a la arena vestidos con una túnica (las telas podían ser diferentes según la categoría del munus). La túnica cubría el cuerpo hasta los muslos. Parece que luchaban con las armas de los retiarii pero con túnica. Para diferenciarlos se les llamaba retiarii tunicati (constituyen también una excepción a la regla general de luchar con el torso descubierto los equites, los sagitarii, los provocatores y los crupellarii).







Munus legitimus



Tras la reforma de Augusto, los munera oficiales mantuvieron un esquema preestablecido (munus legitimum) dividido en tres actos diferentes: las venationes, los ludi meridiani y el munus gladiatorum, el combate de gladiadores propiamente dicho. 
      • Venationes. Se celebraban por la mañana con el formato propio de una cacería real. Comenzaban con la suelta de los animales (ciervos, jabalíes) para que el público pudiera ver sus evoluciones en la arena. A continuación salían los cazadores (venatores) y empezaba el espectáculo. A medida que pasó el tiempo, el público se desentendió de esta primera fase porque se hizo monótona y previsible, por lo que progresivamente se intentó sorprender a los espectadores con animales cada vez más exóticos y con actuaciones más espectaculares (animales contra animales, grupos de hombres contra grupos de animales a la vez). Las venationes finalizaban al mediodía.
      • Ludi meridiani. Se celebraban a continuación, a la hora del almuerzo. Era como un intermedio que se aprovechaba para amenizar la espera del munus con actuaciones de naturaleza diversa (acróbatas, malabaristas). También se empleó esta pausa para dar cumplimiento a las ejecuciones de los condenados a la pena capital, cosa que se lograba así de forma lúdica y a la vez ejemplarizante.
              • Damnati ad gladium: los condenados salían tapados sólo con el subligaculum y con la espada (gladius). Las luchas eran siempre sine missio y como los reos peleaban sin protección alguna, por lo general duraban poco. A medida que uno de los dos moría, saltaba otro a la arena y así sucesivamente hasta que sobrevivía sólo el último, quien a su vez era ejecutado por un venatoro por un soldado.
              • Damnati ad bestiasHubo dos tipos de condenados: el bestiarius y el noxius. Al primero se le proporcionaba algún tipo de arma para defenderse, mientras que los noxii (delincuentes que por la gravedad de sus delitos tenían reservados suplicios de mayor crueldad) eran entregados a las fieras con las manos atadas a la espalda, sin ningún tipo de protección ni armamento, simplemente a la espera de ser devorados. A veces, se les sometía a tratos todavía más humillantes (burlas y vejaciones en representaciones teatrales grotescas). 
      • Munus. Era el espectáculo gladiatorio propiamente dicho.




Venatores enfrentándose a un tigre



Preparativos y desarrollo del munus



Los juegos se anunciaban con mucha antelación en lugares públicos como hitos, muros y edificios de la ciudad, indicando el nombre del editor, la fecha, el lugar y el motivo de su celebración así como el número de parejas de gladiadores que iban a participar. También podrían dar información complementaria sobre otros detalles como venationes, ejecuciones, música y otros lujos preparados para agasajar a los espectadores, tales como la instalación de un toldo para protegerlos del sol (velum), uso de aspersores de agua para refrescarlos, reparto gratuito de alimentos, bebidas o dulces y, ocasionalmente, la celebración de rifas o la entrega de obsequios. 
                          
Para ampliar la información a los aficionados y a los apostantes, se solía distribuir por separado un programa más detallado (libellus munerarius), en el que se indicaban los nombres de los gladiadores, su procedencia, familia gladiatoria, tipos y resultados obtenidos en anteriores combates, así como el orden de aparición de cada uno de ellos. Por la repercusión que pudiera tener en el resultado final, los gladiadores zurdos eran identificados de forma especial.
 
La noche anterior al munus los gladiadores participaban en un banquete público (cena libera) en el que los espectadores tenían la posibilidad de ver de cerca a los protagonistas del evento y los apostantes hacerse una idea de por quién y cuánto iban a apostar. Es probable que la cena estuviese abierta a los damnati e incluso a los noxii (todos ellos sentenciados a morir en la arena al día siguiente).
 
El día del evento, la jornada comenzaba al salir el sol con las venationes (en sus distintas variantes), que finalizaban al mediodía. A continuación, se celebraban los ludi meridiani, de contenido variable pero que solían incluir ejecuciones de condenados (damnati ad gladium, damnati ad bestias y noxii). La tercera parte era el munus propiamente dicho.
 
El munus se iniciaba con un desfile (pompa) que entraba en la arena por la Porta Triumphalis. Lo encabezaban los lictores, seguidos de una pequeña banda de trompetas (tubicines), una plataforma (ferculum) portada por cuatro hombres que pudiera servir de homenaje a los herreros y simbolizar la forja de las armas, dos personajes portando uno el cartel con el programa y el otro la palma con que se obsequiaría a los vencedores, el editor, vestido con toga, diversos asistentes (ministri) que acarreaban las armas y armaduras que se iban a utilizar en el evento, un músico tocando la trompa (lituus), eventualmente los caballos de equites y essedarii, y finalmente los gladiadores que, ataviados con armaduras ornamentales, entraban en último lugar.
 
Después del saludo debido a las autoridades y de una parada en formación ante el público, los gladiadores se retiraban a las dependencias subterráneas (hypogeum) y cambiaban sus atuendos por los de combate. Mientras tanto, en la superficie se decidían los emparejamientos y se aguardaba la reaparición de los luchadores para los prolegómenos del munus propiamente dicho. Para desentumecer los músculos, a modo de calentamiento, se daba paso a un combate de entrenamiento (prolusio), en el que se usaban armas sin filo (arma lusoria). A continuación, el editor, su representante o un invitado de honor revisaba las armas que se iban a emplear en la arena (probatio armorum) y, finalmente, se daba paso a los combates, que duraban entre 10 y 15 minutos cada uno.
                           
En la mayoría de los enfrentamientos intervenían árbitros: uno principal (summa rudis) y un asistente (seconda rudis), a quienes correspondía amonestar o separar a los oponentes con unos bastones (rudes). También era frecuente la intervención de lorarii (incitadores), que instigaban a los gladiadores a luchar con más ímpetu con una fusta (lora) o con un hierro candente. 
 
Durante las pausas saltaban a la arena los paegnarii (bufones y animadores que se batían en duelos teatrales para entretener a la multitud) y todo tipo de acróbatas, cómicos y artistas (en ocasiones, durante la parte principal del munus, se intercalaban combates incruentos con armas romas que recibían el nombre de lusio). La música tenía un papel de gran significación, sobre todo para marcar las distintas partes del espectáculo y para acentuar los momentos más emocionantes del enfrentamiento.




Dos gladiadores se enfrentan en presencia de un árbitro



Al final de un combate el gladiador podía vencer, rendirse o morir a manos de su rival. Era excepcional el caso de empate (stans missus), que llegaba cuando por durar demasiado, el editor ordenaba detener el combate sin que hubiera vencedor ni vencido. Los ganadores recibían los aplausos y vítores del público y la palma de la victoria, una corona de laurel y un premio del editor (praemium).
 
El solo hecho de salir vivo del primer combate convertía el novato (tiro) en veteranus. En función del número de combates a los que sobrevivía, escalaba del nivel más bajo (quartus palus: un combate) a tertius palus o secundus palus. Si el luchador llegaba a un determinado número de combates o se distinguía por la calidad de sus intervenciones, el colegio de summae rudes, presente en todas las ciudades con anfiteatro, podía concederle el rango de primus palus
 
Por encima sólo existía el rango de rudiarius: si el gladiador obtenía la rudis, quedaba liberado de seguir en activo y si era esclavo, además, lograba la libertad (manumissio). Tras ello, podía retirarse definitivamente, convertirse en lanista, colaborar como entrenador en un ludus o dedicarse al arbitraje. Pese a ese cambio de condición, era frecuente que atraídos por la fama y por los mayores emolumentos fijos que podían exigir por su trabajo, continuaran como gladiadores en activo (los que por la rudis habían logrado la libertad debían oficializar la decisión de continuar ante un tribuno (auctorati rudiarii). 
 
Un gladiador podía reconocer la derrota y solicitar la missio (indulto) levantando el dedo índice de la mano izquierda (ad digitum), en un llamamiento al árbitro para que detuviera el combate y se dirigiera al editor, cuya decisión (missus o iugula) solía depender de la respuesta de la multitud. 
 
Aunque por lo general los espectadores mostraban sus preferencias respecto a si un gladiador vencido debía ser perdonado o no, la decisión final sobre su vida o su muerte correspondía al editor, que hacía público su veredicto con un gesto descrito por las fuentes como un desplazamiento desde atrás hacia delante del pulgar orientado hacia el lateral del cuello (pollice verso).
 
Alrededor del año 90 dC, un cambio en las costumbres sustrajo al editor el derecho a emitir el veredicto y en su lugar se concedió al vencedor del combate, con lo que, cualquiera que fuese la reacción de los espectadores, se mantenía durante unos instantes la incertidumbre y se lograba dar más emoción al desenlace del munus.
 
Mientras el vencedor recorría el perímetro de la arena saludando al público y recibiendo sus aplausos, aparecían dos asistentes disfrazados de Mercurio y Dis Pater: el personaje representando a Mercurio aplicaba sobre el cuerpo del vencido un hierro al rojo para verificar que estaba realmente muerto y el otro lo golpeaba con un mazo hasta matarlo en el supuesto de que se hubiera estremecido al aplicarle el hierro candente. En cualquier caso, le daba tres mazazos como símbolo de que tomaba posesión del muerto, tras lo cual el cuerpo se depositaba en una litera y era retirado de la arena por la Porta Libitinensis. El cadáver era trasladado por los harenarii hasta el spoliarium, donde se le cortaba el cuello para formalizar oficialmente su defunción.
 
Los cuerpos de los noxii y posiblemente los de algunos damnati eran arrojados a los ríos o abandonados sin enterrar. Por el contrario, los gladiadores profesionales eran enterrados en sus propios cementerios, ubicados siempre fuera de los muros de la ciudad.
 
El munus terminaba siempre antes de la puesta de sol.